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Un sábado de relatos. 1.5

domingo, mayo 02, 2010

La vida impetuosa en el colectivo
Justificar a ambos lados

Erase una vez en UnknowCity un sábado por la mañana (ósea hoy xD), muy temprano aquella vez, decidida contra todo a llegar a tiempo a Royalville (y en realidad más porque siento que ya me van a regañar que por otra cosa xD) salí con premura del valle que alberga mi choza, mi chofer ya me esperaba ansioso al pie de la misma y con velocidad impresionante se dirigió hasta un punto donde muy ávido me bajó... a mí... y al resto de los pasajeros de su humilde transporte.



Y fue así como me dirigí a maldecir matutinamente al triunviro inepto que se conoce bulgarmente como: Jefezote de Gobierno por su astucia de quitar la flotilla de colectivos que nos aventaban a nuestros destinos y dejarnos unos bien pomposos y modernos que solo hacen paradas establecidas, cobran carísimo, luego no hacen paradas, van hasta su ma…xima capacidad y así. Pero la cuestión aquí después de desahogarme por tremenda ocurrencia es:


Caminaba por un sendero terroso de esos como los que casi no hay en la gran urbe, ésta en la que vivimos, y fue como osé de ensuciar mi escarpín de diseñador carísimo de París y maldecir nuevamente a la vida por hacerme esto, caminé hasta el punto donde los ciudadanos se congregan… cuando de pronto miro al horizonte lleno de imágenes exóticas y mi vista se centra en un par de chicos “diferentes”; me llamó la atención que uno de ellos portaba en su mano un café, “muy urbano el joven aquel”, pensé para mis adentros, su compañero a un lado le decía algo que lo hizo girar su cara y me dejó ver su nuca con un mechón rubio contrastando con sus castañas cabelleras, “¡oh! Qué joven tan curioso, me ha recordado cuando alguna vez en mi pasada juventud hice lo mismo con mi cabellera”, me volví a repetir. Enseguida salí de mi ensueño porque un chofer me imploraba subirme a su carrosa.


Tomé un cómodo asiento a lado de una chica no muy feliz aquella mañana, nuestro caballeroso chofer comenzó su andar por la gran vía y yo como buena persona a la que: siempre se le hace tarde que sacó mi cosmetiquera y que me pongo a dibujar líneas en mi rosto para hacerlo matutinamente menos feo. Peleaba yo con tres pestañas que no alzaban su rizada forma y aquel joven que me había llamado la atención antes de abordar estaba de pie frente a todos los pasajeros.


“Ahorita se va a poner a hablar sobre la resurrección del Señor en tiempo ancestrales”, dijo una voz en mi cabeza que a su vez repitió: “¡Neh! Ni te inmutes en quitar la canción que tu Smartphone reproduce” y así quise hacerlo hasta que sus dejos en voz retumbaron serios y galantes. Todos comenzaban a hacer muecas y gestos por valiente hecho, de modo que mientras seguía peleándome con las pestañas apagué mi sinfonía y le puse atención, una idea mucho mejor vino a mi mente: “Hoy es sábado de relatos, y éste “we” me está haciendo la mañana con las inflexiones provenientes de su voz mejor grabémoslo”. Aldeanos por supuesto hubiera sido video pero estaba ocupada con las pestañas y mi manzanita aun carece de ciertas aplicaciones SO fue un audio e incompleto aclaro el que grabé…. escuchaos por favor:



BTW: PONLE PAUSE A LA CANCIÓN QUE HE PUESTO DE FONDO ANTES QUE NADA xD


Una vez terminado su performance quise ¡levantarme!, ¡aplaudir!, ¡vitorear! y ¡algar! como muchas veces lo he hecho dentro de las salas de la opera, pero ¡oh, no! no podía en esos instantes por diversas cuestiones que no nos incumben ahora (sí, seguía yo llenando de colores mi rosto pálido). Ahora la gente lo miraba con expectación y daba monedas de oro que sacaban de sus bolsas colgantes en sus cinturas; espero debido al gran final tan ocurrente con el que se despidió. Yo quería algo diferente: Un Momento Macintosh, de esos que tanto me gusta captar ya saben ¿no?, y así fue el joven galán de quién les hago llegar éste matutino relato es él:



Seguro me odiara por la mala calidad de la imagen pero no me cualpáis a moi sino a Jobs que no suelta actualizaciones al iphone... y después de posar tan amable ente mi lente fue a recorrer los angostos espacios de nuestra carrosa y volvió con su humilde compañero y de pronto se paró frente a mi con una voluminosa palabra me llamó: ¡Dama!; enunció y volvió a orar en su tono brioso:



Y es de esta manera como termino el relato del día de hoy esperando que aquel chico de nombre desconocido lea, cómo le dije, la bella mañana que me hizo pasar. Saludos hasta luego un beso bye :-)

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Oda a la Crítica
(Pablo Neruda)


Yo escribí cinco versos: uno verde,
otro era un pan redondo,
el tercero una casa levantándose,
el cuarto era un anillo,
el quinto verso era
corto como un relámpago
y al escribirlo
me dejó en la razón su quemadura.

Y bien, los hombres, las mujeres,
vinieron y tomaron
la sencilla materia,
brizna, viento, fulgor, barro, madera
y con tan poca cosa
construyeron
paredes, pisos, sueños,
En una línea de mi poesía
secaron ropa al viento.


Comieron mis palabras,
las guardaron
junto a la cabecera,
vivieron con un verso,
con la luz que salió de mi costado.


Entonces, llegó un crítico mudo
y otro lleno de lenguas,
y otros, otros llegaron
ciegos o llenos de ojos,
elegantes algunos
como claveles con zapatos rojos,
otros estrictamente
vestidos de cadáveres,
algunos partidarios
del rey y su elevada monarquía,
otros se habían
enredado en la frente
de Marx y pataleaban en su barba,
otros eran ingleses,
y entre todos se lanzaron
con dientes y cuchillos,
con diccionarios y
otras armas negras,
con citas respetables,
se lanzaron
a distupar mi pobre poesía
a las sencillas gentes
que la amaban:
y la hicieron embudos,
la enrollaron,
la sujetaron con cien alfileres,
la cubrieron con polvo de esqueleto,
la llenaron de tinta,
la escupieron con suave
benignidad de gatos,
la destinaron a envolver relojes,
la protegieron y la condenaron,
le arrimaron petróleo,
le dedicaron húmedos tratados,
la cocieron con leche,
le agregaron pequeñas piedrecitas,
fueron borrándole vocales,
fueron matándole
sílabas y suspiros,
la arrugaron e hicieron
un pequeño paquete
que destinaron cuidadosamente
a sus desvanes, a sus cementerios,
luego se retiraron uno a uno
enfurecidos hasta la locura.


Porque no fui bastante
popular para ellos
o impregnados de
dulce menosprecio
por mi ordinaria falta de tinieblas,
se retiraron todos y entonces,
otra vez, junto a mi poesía
volvieron a vivir
mujeres y hombres,
de hicieron fuego,
construyeron casas,
comieron pan,
se repartieron la luz
y en el amor unieron relámpago y anillo.
Y ahora, perdonadme, señores,
que interrumpa este cuento
que les estoy contando
y me vaya a vivir
para siempre
con la gente sencilla.

Pásale a lo barrido

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