En pleno siglo XXI y parece que la población en general (y en muchos casos me incluyo yo) parece que no conoce lo que es el fondo sino que aún así al humano le gusta llegar mucho más abajo de lo que ya está.

Toda la indignación que me nace el día de hoy, comienza por la tarde en el entendido de que la mayoría de las veces traigo los audífonos puestos y casi nunca me entero de lo que hace la gente, pues bien, hoy el transporte colectivo en el que iba a una cuadra de destino de bajada, el chofer decidió regresarnos nuestro pasaje y a volar, cosa que me dio enteramente igual porque ya estaba cerca de la casa de todos los lectores presentes; lo curioso fue que a un costado de la unidad había un señor con alguna parálisis cerebral y en silla de ruedas, en algún momento pensé que la gente se estaba moviendo del transporte para dejarlo subir pero la verdadera razón ya la expuse. Bien pues a lo lejos escuché como un señor se acercaba a ofrecerle ayuda y entendí que deseaba abordar el transporte para llegar al metro.

Lo difícil; lo difícil era que su silla de ruedas era demasiado grande aunado a que era una hora un poco complicada y los transportes iban llenos.

La indiferencia; la indiferencia es difícil de superar, ver el cómo las personas prefieren esquivar una situación como esa a ayudar de la manera que sea. El primer señor que muy amable se ofreció a parar algunos transportes prontamente se rindió.

¿De verdad tenemos que ser así siempre?

¿De verdad no somos capaces de ver que todos somos iguales?

¿Jamás entenderemos que también llegará un punto donde necesitaremos ayuda?

Entonces, por qué no ayudar al que tenemos alado, por qué, por qué es tan difícil para el ser humano dar un poco de lo que le sobra de buena gana y ayudar a los demás, claro, siempre y cuando sea en beneficio.

Me ha costado lágrimas, y esto lo digo en el sentido más literal, varias lágrimas al tratar de dialogar con varios choferes de diferentes transportes y que muchos me ignoraran por completo, otros tantos, me miraban con burla, uno que otro miraba las posibilidades pero igual no se detenía a hacer mucho. Más lágrimas de frustación.

Aquel señor de nombre desconocido me dijo:

—¿Qué hora es?
­—Las 6.20 señor.
—Ya es muy tarde…

Ante eso qué podía decirle yo, traté de detener más transportes pero ninguno aceptaba. Cómo habré estado en ese momento con las lágrimas rodando (que para los que me conozcan, sabrán que es muy raro que yo lo haga) y un taxista aparentemente de buena manera se orilló, sin embargo quería estar seguro de que el señor tuviera dinero, de lo contrario no lo llevaría. Tremendo idiota, siguió su camino y el señor volvió a hablarme:

—Siempre es así, señorita, nadie quiere llevarme…

Y la impotencia encendió mi rostro.

¿De verdad somos tan inhumanos? Que retorica pregunta…

Un camión más se detuvo y el señor rogó, de verdad, rogó al chofer que lo llevara… con su voz desesperada y yo con ganas de poncharles las llantas traté con más transportes. Nada.

El señor volvió a dirigirse a mí:

—Ya váyase señorita, no se preocupe…

¿Qué no me preocupe? El creador, sabe que no estaba ahí yo por lástima, tampoco estaba ahí no porque no entendiera que el señor no ha librado más de un millar de batallas con las personas que no son de ese porcentaje con alguna diferencia en su cuerpo, no. Estaba ahí llena de impotencia de saber que muchas cosas a mi alrededor pasan y pocas veces actúo de una buena manera y en ese instante quién era yo para no actuar de una vez por todas. De ver al señor y saber que si él lo ha logrado en todos estos años, yo no me debo de quejar por pequeñeces y cosas que de verdad dan pena. Tú sabrás con que humor sales a la calle por la que transitas a diario pero que eso no te dé derecho a desquitarte de la manera que sea con el que está a un lado.

Afortunadamente y aunque pareciera que pasó una eternidad completa, logré encontrar un transporte que llevara a aquel señor…

Y ustedes que para bien o mal me leen espero que comiencen por mirar a su alrededor y entender que también puedes ayudar a mejorar, por lo menos los cinco metros a tu alrededor, ya no digas una nación, pero toma en cuenta que de pequeñas acciones están las retribuciones que mi mejor amigo, el Karma, hará que tu vida sea mejor cada día.